Una mesa de dos con una silla libre [Libre]

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Una mesa de dos con una silla libre [Libre]

Mensaje por Izaya Orihara el Vie Ago 10, 2012 2:41 am

Con el periódico bajo el brazo y una sonrisa en su rostro entró al pequeño local oriental, probablemente el único que los dueños eran realmente orientales, Japoneses, para ser exactos, e intentaban sobrevivir a los otros negocios que a base de propagandas, luces y extravagancias resaltaban más atrayendo a los turistas. En cambio este pequeño local de comidas, extrañamente era visitado por turistas, aunque alguno medio perdido ingresaba de tanto en tanto. Su clientela se limitaba más que nada a los inmigrantes orientales que buscaban un pedacito de tierra propio en aquella ciudad de plástico.

Izaya adoraba aquel lugar por la comida, cuidadosamente preparada con ingredientes frescos y que le recordaban a su tierra natal, especialmente el Ootoro, o nigiri de salmón. Así mismo tenían un té verde que satisfacía su exigente paladar por lo que al lugar le garantizaba diariamente la visita del pelinegro al menos una vez al día. Incluso todas las mañanas de los días entre semana tenía reservada aquella mesa al lado de la ventana a la calle, sola con dos sillas pero siempre ocupada una. Esa mañana no fue la excepción.

Al entrar al local, la dueña le sonrió y él le saludó con una inclinación que fue respondida y sonriente se sentó en la silla extendiendo el periódico mientras se le traía una taza con una tetera tradicional y unos pequeños mochis dulces.
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Re: Una mesa de dos con una silla libre [Libre]

Mensaje por Isabella Yamamoto el Sáb Ago 11, 2012 9:17 pm

Había probado ese restaurante casi por casualidad el día anterior, y había quedado absolutamente fascinada. Para su ajustado presupuesto, no le resultaba muy fácil que digamos acceder a establecimientos de buena comida, y si bien y a su pesar ya estaba un tanto habituada a comer comida china, hacía demasiado que no probaba un platillo delicioso de su tierra natal. La experiencia, además de ser culinariamente excelente, la había llenado de nostalgia. Así que al día siguiente se levantó más temprano de lo normal para ir a desayunar con un delicioso té verde a ese fantástico local.

Su atuendo, como mínimo, llamaba sobremanera la atención. Llevaba puesto un fantástico vestido de seda rosada con encajes lilas en el vuelo, cuya falda se fruncía en un recogido muy elegante que hacía llover por un costado pliegues salpicados de brillante estrás. Sus puños y su cuello se abrían en mil volados de encajes de fantasía de excelente calidad, y sobre el pecho llevaba un broche violeta de fantasía con adornos de cuentas en forma de mariposas. Por encima de sus abundantes bucles -algunos naturales y otros, extensiones- poseía un estrafalario sombrero de ala ancha con rosas de tela, envuelto en un velo moteado de púrpura que rodeaba también su rostro y pasaba bajo su barbilla. Completaba el conjunto una cartera a juego dotada también de rosas y estrás.

Con el rostro risueño, agitando sus pestañas postizas, ubicó el local que buscaba tras andar y desandar por unos minutos los alrededores. Con sus pasitos elegantes y alegres se aproximó taconeando, esquivó con maestría alguna baldosa quebrada para no atascar en ella sus tacones, y llegó a la puerta.

-Hola, buenos días -saludó con afabilidad tan pronto hizo acto de presencia. La mesera la condujo hacia otra mesita de dos, junto a la ya ocupada, y le ofreció la carta. Luego de recorrer brevemente las hojas con sus uñas perfectamente cuidadas, Isabella eligió su té favorito de la infancia, verde con hebras de camelia, y decidió agasajarse a sí misma con esos dulces con forma de flores que tanto le habían gustado siempre. Se dijo que durante el resto del día comería con moderación para compensar ese pequeño desliz; no quería descuidar la figura.

Visiblemente contenta, entrelazó las manos y aguardó a que la mesera trajese su pedido, mirando en derredor y absorbiéndolo todo con ojos felices.

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Re: Una mesa de dos con una silla libre [Libre]

Mensaje por Izaya Orihara el Dom Ago 12, 2012 11:41 pm

Centrado en el periódico, sobretodo en la noticia sobre la marcha que se había llevado a cabo contra Pentex y doblaba para evitar ver una propagada de casi media página de cigarrillos, una marca que dominaba el mercado y que el pelinegro ya estaba hastiad de ver hasta en la sopa, sin mencionar que la propaganda distraía su atención de los artículos. El saludo le hizo alzar la mirada por ligero reflejo y volver a centrarse en el texto pero cuando su cerebro procesó lo que vio, volvió a alzarla mirando aquel... ¿Carnaval? no encontraba palabras para describirlo, era algo que definitivamente no veía día a día en la calle, ni siquiera en las floridas calles de NY.

Volvió su mirada al periódico pasando la página y centrándose en una noticia irrelevante mirando al recién llegado por el rabillo del ojo. Practicando el mismo el trasvestismo no le fue difícil saber el sexo de aquel ser... y como debía dirigirse a ella, aunque fuese más que obvio. Bebió un sorbo de té antes de sonreír y ladear su rostro. - ¿Es usted nueva en el lugar? Nunca le había visto. - comentó con su voz suave, ligeramente contaminadas sus palabras con el acento oriental y la dulzura peligrosa que su tono infantil siempre lograba dar cuando hablaba. Así mismo su manera de entonar era bastante alevosa.

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Re: Una mesa de dos con una silla libre [Libre]

Mensaje por Isabella Yamamoto el Lun Ago 13, 2012 8:38 pm

Desvió con un respingo su mirada hacia quien le había hablado, sorprendida de que le dirigiesen la palabra. Su oído captó el suave acento de su tierra natal, lo cual la llenó de alegría. En su caso particular, las largas y exigentes lecciones a la que la habían sometido de pequeña, en manos de los maestros más caros y estrictos de la zona, su acento japonés quedaba totalmente disfrazado por su magistral manejo del inglés, tal vez con un leve dejo, eso sí, británico, por la procedencia de sus profesores. Ese matiz acentuaba la elegancia de su comportamiento y su figura, por más estrafalaria que ésta también fuese.

Parpadeó sorprendida, y luego dirigió al desconocido una sonrisa dulce que mostró sus dientes blanquísimos. Con una mano en la mejilla, miró hacia atrás, sin estar del todo segura de que efectivamente le hubieran hablado a ella. No estaba acostumbrada a que los extraños le dirigiesen la palabra, salvo tal vez para burlarse de ella por su aspecto.

-Oh, sí, lo soy -sonrió, feliz y sonrojada-. Qué atento. Es la segunda vez que vengo aquí, la primera fue ayer mismo. Quedé encantada con este hermoso lugar. ¿Usted, viene seguido por aquí?

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Re: Una mesa de dos con una silla libre [Libre]

Mensaje por Izaya Orihara el Miér Ago 15, 2012 12:29 am

Como suponía, no parecía estar acostumbrada a que le hablasen, sabía lo cruel que podía ser la sociedad, sobretodo una tan extremista como la estadounidense, donde una muy reducida parte de la población actuaba normalmente y el resto o peleaba por lo que no le incumbía y el otro resto peleaba por oprimir y discriminar cosas que no influían en su día a día.

No le invitó a su mesa pues no sabía si esperaba a alguien o simplemente estaba sola pero era más interesante hablar con alguien que leer una nota que ni le interesaba. Bebió un corto trago de té mientras jugaba con el mochi en su plato partiéndolo al medio con sus dedos - Suelo venir casi a diario para mi desayuno y a veces para mi cena~ desde que descubrí el lugar no me he separado de él, me recuerda a mi tierra natal. - ni siquiera se molestaba en ocultar su procedencia, su ligero acento, su pelo negro, baja estatura y ojos ligeramente afilados ya dejarían en claro que no era americano. Así mismo el acento inglés del joven no pasó desapercibido. - Espero que no le incomode la pregunta, ¿Hace mucho que vino a America? -
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Re: Una mesa de dos con una silla libre [Libre]

Mensaje por Isabella Yamamoto el Jue Ago 16, 2012 12:19 pm

-Oh, ya veo. -El aspecto físico del joven era un tanto ambiguo, puesto que podría referirse a una procedencia más bien variada, restringida al lejano oriente pero no absolutamente definida. Por el contrario, sus palabras terminaron de revelar su nacionalidad japonesa, lo cual encendíó internamente de alegría a la dama, y eso se mostró en la felicidad que se manifestó en su rostro. Su gesto era calmado, dulce, pero su sonrisa brillaba como el estrás de sus accesorios.

-No me incomoda en absoluto -sonrió con tierna simpatía, como si estuviera mirando a un hermoso niño o a un cachorrito- No hace mucho; un par de meses, quizás. ¿Tanto se nota que soy extranjera? Eres muy observador.

La camarera trajo el té y los bocadillos, todo lo cual Isabella agradeció con mucha educación. Con ademán muy elegante, erguida en el asiento como toda una señorita, tomó en sus manos de pianista la tetera y vertió el líquido en la taza sin asa.

-Mi nombre es Isabella Yamamoto. ¿Cuál es el tuyo, lindo?

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Re: Una mesa de dos con una silla libre [Libre]

Mensaje por Izaya Orihara el Lun Ago 20, 2012 9:33 pm

Disfrutaba del tono de voz de aquella criatura, era peculiar y llamaba su atención así como despertaba su curiosidad. Sonrió con cordialidad mientras doblaba el periódico ya pasando este a segundo plano captando más su atención la joven en la otra mesa. - Llevo algunos años ya en América, pero creo que no termino de adaptarme. - comentó por más que no se le había preguntado, sin embargo consideraba educado dar aquella información. Bebió in trago de té mordiendo enseguida uno de los mochis mientras le escuchaba dejando una ligera pausa mientras era servida.

Relamiendo su labio superior sonrió con un ligero gesto al sonreír - Orihara Izaya. Un gusto. Parece que compartimos procedencia, si hace un par de meses que está aquí nada más se adaptó perfectamente rápido, incluso se presenta como una americana. - recalcó al llamarle la atención, no solo su apellido si no que la forma de presentarse, analizando ahora un poco más el acento ajeno. - Espero que le agrade su estadía aquí. ¿Es permanente o solo está de visita? - poco a poco extendía la conversación dejando en evidencia y sin necesidad de ocultar, la curiosidad que le despertaba. Como si el pelinegro fuese un felino.

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Re: Una mesa de dos con una silla libre [Libre]

Mensaje por Isabella Yamamoto el Jue Ago 23, 2012 8:36 am

La dama tomó en sus manos arregladas la taza y aspiró calmosamente el perfume del té. Bebió luego un par de sorbos delicados, y en su expresión tranquila se pudo observar lo mucho que estaba disfrutando del sabor de la bebida.

-Sí, bueno, es lo que intento -contestó con una sonrisa humilde-. Ya me acostumbré a usar el nombre primero, Orihara-san. ¿O debería decir, mister Orihara? -Rió de su propio comentario. Realizó una pausa bebiendo otro sorbo de té.- Oh, este país me resulta adorable. Tiene tantas cosas hermosas... A veces me pongo nostálgica, pensando en casa, pero realmente pienso que me es posible encontrar la felicidad aquí. Mi mudanza, al menos según los planes, es permanente. Tuve... problemas en casa.

La dama bajó la mirada en gesto triste, lo cual hacía aún más fácil determinar a qué tipo de "problemas en casa" se refería.

-Soy modista y diseñadora de indumentaria -prosiguió, levantando la mirada con una sonrisa, como si la tristeza hubiera sido borrada cual nubarrón ante la brisa-. Trabajo a pocas calles de aquí, y además realizo confecciones por mi cuenta. -Remató su explicación acomodando un poco su estrafalario sombrero, para indicar que era obra suya.

Pensó algo un momento, y pronunció su sonrisa.

-¿Y usted de qué trabaja, Orihara-san? -preguntó en dulce japonés.

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Re: Una mesa de dos con una silla libre [Libre]

Mensaje por Izaya Orihara el Vie Ago 24, 2012 2:39 am

Sus acciones eran simples y metódicas, no parecía ser para nada alguien fuera de lo normal, el pelinegro simplemente se limitaba sonreír y escuchar asintiendo de tanto en tanto con su cabeza mientras llevaba un sorbo de té a sus labios olvidando momentáneamente el dulce acompañamiento del mismo. Sin dejar que el tema se fuese del todo apresuró a evacuar la duda ajena - Soy un consultante. La gente acude a mí cuando tiene problemas o dudas con sus negocios. Me especializo en diversas áreas. - su voz fue calma, como hasta el momento, pero se volvió un poco más interesada al tocar el tema que había dejado de lado la joven. - ¿Problemas en casa? Debieron ser graves para que dejase el país. - ladeó su cabeza hacia la puerta. Si ya había comenzado su desayuno y nadie la estaba acompañando asumía que nadie lo haría, más aún si hacía tan poco que estaba en Japón.

- Perdone si es un tema personal, pero me parece una persona agradable. También he tenido problemas en mi tierra natal, pero creo que esa es una historia algo larga para solo compartirla con un te. ¿Gusta acompañarme o espera a alguien? - finalizó para darle un escape por si prefería evadir el tema que el pelinegro abordaba tan directamente.
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Re: Una mesa de dos con una silla libre [Libre]

Mensaje por Isabella Yamamoto el Sáb Ago 25, 2012 9:41 pm

Ella se rozó la barbilla con los dedos, pensativa. Conque consultante. Tal vez podría, en algún momento, pedirle algo de ayuda con su emprendimiento personal de corte y confección. Pero una cosa a la vez, no quería apabullarlo, y además, ni siquiera lo conocía muy bien.

La dama bajó la mirada a su taza, la cual envolvió en sus suaves manos, con aire triste.

-Sí, eran problemas serios... Me mandaron a un hospital... de esos de donde no puedes salir ni aunque quieras... Estaba muy medicada y honestamente no recuerdo bien qué pasó, pero bueno, ahora estoy aquí. -Volvió a levantar los ojos, y otra vez había dulzura en ellos, y relucía su sonrisa como con una felicidad imborrable.- Este país me hace muy feliz. Puedo caminar por la calle y salir con gente y conversar sin que necesariamente me miren como a un monstruo. -Sin darse cuenta, pronunció esa última palabra y tembló su voz, llevándose la sonrisa de sus labios pintados.

La invitación, absolutamente inesperada, le hizo levantar los ojos de golpe, con nueva luz en ellos. Sonrió con alegría sincera, sonrojándose, llevándose suavemente una mano a la mejilla.

-Me encantaría, precioso -dijo, convertida en la viva efigie de la ternura. Con presteza colgó su cartera de su hombro y tomó en sus manos su ración. Trasladó todo a la mesa de él, colocándolo con corrección, y se sentó mientras acomodaba su falda con las manos.

-No sabes cuánto te lo agradezco, lindo -dijo con honestidad, destilando dulzura a través de sus ojos sin nada que la detuviese-. Las personas como tú no abundan, ni en esta ciudad ni en ninguna otra. Será un verdadero placer compartir un té contigo.

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