Yo invito [Privado]

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Mensaje por Emily Moore el Dom Ago 12, 2012 11:33 pm

Medio día en la gran Nueva York. La gente subía y bajaba de los metros, caminaba o corría por las calles deteniendo taxis y todas esas cosas de la rutina diaria, entre las cuales también estaba detenerse para comer. El descanso del medio día parecía ser un evento a nivel nacional, ya que pareciese que casi toda la ciudad se tomaba al menos unos 15 minutos para detenerse y disfrutar de la paz de poder comer el almuerzo, ya fuese solo, o con compañeros de trabajo.

Otros, especialmente empresarios sin tiempo, optaban por tomarse un café durante una reunión de trabajo, lo cual explicaría por que el pequeño café justo frente al parque, estaba al máximo de su capacidad.Todas y cada una de las mesas y sillones acoplados de gente, y una fila de al menos 10 personas esperando por su pedido. Casi todas las personas del pequeño recinto charlaban con quienes les acompañaban, o por celular de no estar acompañados, mas había unas pocas que al no estar acompañadas, solo disfrutaban de un momento para si mismos, de paz y de descanso.

Era sin embargo de esperarse, que la joven reportera estuviera menos que tranquila, sus ojos saltando de una persona del cafe a otra. Había llegado al menos 20 minutos antes de la hora que habían dicho, o mas bien que se había impuesto, ya que había faltado a una clase por que la emoción la carcomía. Sus codos apoyados sobre la mesa ayudaban a sus delgados brazos a sostener su cabeza de caerse contra la mesa, o sobre la taza de chocolate que tenía frente a ella, humeante y esperando a ser degustada. Se había arrepentido de ordenar tan pronto, ya que sentía que su estomago se saldría corriendo de su ser en cualquier momento, pero supuso que ocupar una mesa sin ordenar era descortés, y pues, opto por hacerlo de todas formas.

Sus piernas colgando por debajo de la mesa, cubiertas por medias negras largas a modo de calzas y una falda rosa, se alternaban dando leves patadas hacia adelante, en el afán de moverse de algún modo y liberar la tensión. Uno diría que era mucho drama por un simple desconocido, pero por alguna razón las palabras de su madre de "No hables con extraños." y "En las ciudades están todos locos por el estés." le resonaban en su cabeza. Quizás solo era eso, nervios y nada mas, y debía recordar que estaba ayudando a alguien, aunque debía recordar también que quizás era una falsa alarma. Después de todo, ya había pasado un año, ¿Que chances había realmente?

Otro importante punto vino luego a la mente de la joven, algo que ahora que lo piensa, debió pensar antes.
El requisito que pedía cumplir, era que fuesen alguno de los ex-experimentos ya que ella como periodista (y dedicada activista que era) tenia una fuerte idea de lo que los pobres habían pasado y deseaba ayudarlos mas que nada. Pero claro, era mas que asumido que no se dejarían revisar tras la oreja por ninguna razón, especialmente sabiendo que estaba ahí lo que los delataba y diferenciaba del resto de los habitantes de la ciudad(o mas bien del mundo).

- Ya sabía yo que se me había olvidado algo. - Comento en voz baja desviando sus inquietas orbes hacia la ventana justo a tiempo para observar a un grupo de gente bastante abrigada descender de un bus, lo que demostraba que en efecto hacía bastante frió afuera. Aun así, su inquietud y emoción no la abandonarian tan fácilmente, despegando finalmente su cabeza de sus manos y sentándose erguida por primera vez en varios minutos. Y bueno, seguro algo se le ocurriría cuando llegara el momento.

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Re: Yo invito [Privado]

Mensaje por Mathias Køhler el Lun Ago 13, 2012 1:04 am

Jamás el tipo de persona que llegaba temprano, la tendencia general de Mathias era llevar un retraso de 5 minutos cuando estaba siendo atento, 15 cuando se lo tomaba con calma y 45 cuando estaba distraído. Por supuesto, el parámetro en el trato con muchachas variaba a una admirable puntualidad, o premeditados 30 minutos de antelación cuando era alguien en quien ya tenía interés. La chica de la voz dulce merecía su puntualidad, supuso, pues se esperaba a conocerla para dar mayor juicio.

Contradictoriamente, tenía una imagen de ella ya fija en su cabeza, tanto que ni siquiera se había molestado en preguntarle cómo reconocerla. Se adhería a aquello con tal terquedad, que se aseguraba a sí mismo que la reconocería en cuanto la viese. ¿Su criterio? Seleccionar a la muchacha más linda del café y exigir que se mudase con él. Era el plan ideal para alguien con tan alta imagen de sí mismo...

Llegando a pié al Central Perk, casi en el segundo en que el reloj cambiaba de 11:59 a 12:00, se alegró al comprobar que era la hora ajetreada, animado momento en que podía confundir aquel ruidoso ambiente con los escasos recuerdos de sus reuniones de amigos y familia en Dinamarca. Le agradaba también percibir el aroma de pastelillos y muffins recién hechos para la hora punta de ventas, tentándole casi tanto como la idealizada imagen de su posible futura conviviente. No obstante, la diferencia de familiaridades radicaba en la temperatura pues, si bien no se le veía muy distinto de los demás estando cubierto por su chaqueta larga, pantalones gruesos, guantes y botas, sí se diferenciaba del resto de la clientela al deshacerse de la chaqueta negra en el momento en que entró al café. Debajo, combinaba los pantalones rojos con una camisa del mismo color que se apresuró a remangar, aunque dejándose los guantes puestos, y una corbata negra. Primaveral, sino veraniego.

Por mero hábito se acercó al mostrador a pedir de antemano un expresso grande, tras lo cual se dedicó inmediatamente a su búsqueda: descartando y seleccionando a una velocidad formidable, saludó en vano a varias muchachas antes de perder su atención o asustarlas con su invasiva actitud. Emily, la verdadera Emily, resultó ser la novena en su improvisada lista.

- ¡Hola, niña de la voz bonita! ¡Un gusto! - Saludó con confianza, el mismo saludo que llevaba repetido nueve veces ahora. Sin dudar un momento se sentó en la silla opuesta a la de Emily, escudriñando su taza y olisqueando a ver qué bebía, antes de alzar la vista a ella. - Jo. ¿Qué le pasa a tu pelo? - Preguntó sin un ápice de discreción, mirando curiosamente la forma en que la muchacha ataba sus coletas. No parecía preocupado en lo más mínimo por ofenderla.

Casi al mismo tiempo, la atareada mesera llevaba a él (después de perseguirlo por allí para llamarle la atención) la diminuta tacita usual del expresso. El danés la miró con curiosidad, se encogió de hombros, y bebió el café en un par de tragos antes de alzar un brazo y llamar la atención de la mesera de regreso. - ¡Uno grande! -

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Re: Yo invito [Privado]

Mensaje por Emily Moore el Lun Ago 13, 2012 2:32 am

En los minutos que siguieron su llegada, la muchacha vio el ingreso y salida de varias personas del recinto, mas rodeando la hora acordada entraron solo 3 personas, de las cuales solo 2 eran hombres. Uno de ellos, el te complexión mas grande y casi todo vestido de un llamativo rojo, se acercó con rapidez a la barra, ignorando por completo la fila que había de clientes y casi de inmediato se dirigió a hablar con una muchacha muy amistosamente. Bueno, ese quedaba descartado.
El otro era algo mayor, rodeando los treinta y tantos y pareciese que solo venía por un café, ya ni el abrigo se quito, así que la muchacha rápidamente también lo descarto.

Sus mejillas se inflaron levemente, denotando aun mas el color rojizo que ya tenían debido al clima. No ser puntual daba una mala impresión, especialmente en casos como estos. Aunque no podía quejarse. Ella tampoco solía ser la más puntual del mundo, aunque si trataba de serlo para las cosas importantes.

Sus dedos inconscientemente jugaron con la cucharilla que estaba inmersa en su chocolate, dándole un par de vueltas y solo colaborando para enfriarlo aun mas rápido. Que desperdicio...
Mientras su mente aun divagaba, oyó que alguien le dirigía la palabra y tomaba la silla justo frente a la suya. Algo sobresaltada ante las palabras, volteo la cabeza, notando nuevamente al alegre rubio que entro unos minutos antes. Aun estando sentados, la diferencia de altura era mas que obvia, ya que a pesar de estar erguida debía mirar en diagonal hacia arriba para verle bien. Espera, ¿Le acababa de decir que tenía bonita voz?.

El color en sus mejillas no se fue al desinflaras, ya que el comentario le había tomado por sorpresa. - Ah, ¿Tu eres quien llamó por el apartamento? - Comento, suponiendo que había abordado a las demás muchachas en la habitación para intentar ubicarle. - ¡El gusto es mio! - Concluyo alegremente con una sonrisa. La verdad no sabía ni por donde empezar, aunque probablemente debería ser por preguntarle su nombre, pero antes que pudiese siquiera abrir la boca, el otro continuo con sus comentarios.

Al oírlo, solo parpadeo un par de veces, realmente no entendiendo a que se refería. Ella siempre se había peinado así, e incluso su madre también lo hacía cuando era joven y llevaba el cabello casi tan largo como ella, por lo que ella veía lo que usaba en el cabello mas que normal. Pero bueno, era verdad que era poca la gente que usaba ese tipo de peinados, por lo que supuso que explicarle no estaba de mas, y eso hizo, pero no sin antes dejar escapar una pequeña carcajada ante su extraña manera manera de engullir el café - ¡Pues, es cómodo, y evita que se te enrede el cabello. - Explico poniendo las manos sobre su propio regazo, y aun dando alguna que otra patadita corta, teniendo cuidado de no patear al otro. Ahora que lo miraba bien, debía admitir que era un muchacho bastante bien parecido. - Pero dejando eso de lado, cuéntame un poco de ti, ¿Como te llamas? -

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Re: Yo invito [Privado]

Mensaje por Mathias Køhler el Miér Ago 15, 2012 3:09 am

- No entiendo por qué el expresso se sirve en tacitas chiquitas. Si estás tomando expresso es porque quieres estar despierto, y con esto no le alcanza a nadie. Además, ¿quién quiere tomarse un café que se acaba en dos tragos y vale lo mismo que los demás? ¡Yo no lo entiendo! Como me lo dio, bueh, me lo tomo igual. Pero soy un niño grande, joder, siento que estoy en una mini fiesta de té con ésto. - El danés prosiguió hablando sin mucha atención a la muchacha pues, sinceramente, el asunto de la tacita era un disparate que necesitaba corrección. Gesticuló con la misma al hablar, el tamaño estándar que en una persona persona normal ya quedaba pequeño, y en él, ridículo. Apenas pasaba uno de sus dedos por la oreja de la taza para sostenerla, dando la impresión de que manejaba utilería de juguete. Por supuesto, contribuía a ello el hecho de que la silla le quedase algo pequeña y que tuviese que encorvarse bastante para apoyar los codos en la mesa. Mientras los pies de Emily colgaban lo suficiente para mecerse, las rodillas de Mathias casi tocaban la parte inferior de la mesa.

- Ah, y sí, así que tú sí eres la del apartamento~ - Respondió casualmente, como si la distinción no importase mucho. Y de cierto modo era así, pues con ninguna de las muchachas que había supuesto que podrían ser ella se había detenido a confirmar adecuadamente antes de arrancar a hablar. Ahora que estaba seguro de estar tratando con la muchacha centró cuanto podía su corta capacidad de atención en ella, apoyando su antebrazo derecho en la mesa para encorvarse casi a su altura, su mirada tan fija en su rostro que algo, claramente, le estaba llamando la atención. Con cierta lentitud, una sonrisa ladina se dibujó en la comisura de sus labios, ampliándose al punto de dejar a la vista el colmillo izquierdo del hombre escandinavo. Sonriendo de ese modo, con los ojos entornados cálidamente, su expresión comunicaba alto y claro un "te estoy viendo sonrojada y lo estoy disfrutando mucho" que no hacía falta vocalizar. - Te pusiste roja, awww... aunque igual eres la novena chica más linda del lugar. - Pero lo hizo de todos modos. Al menos había desistido de molestarla más por su peinado.

Recién entonces se dio el tiempo de colgar su chaqueta en la silla, tan larga que arrastraba bastante en el suelo, quedándose con la camisa remangada, como si tuviese calor. Curiosamente, no se quitaba los guantes. La gente tendía a ponerse extraña y difícil de tratar cuando tocaba mucho, aunque no consideraba que debiese ser desagradable, pues no tendía a llevar las manos frías ni nada. Allá ellos. Cómo saber si no era realmente un efecto secundario raro... con la tela de por medio, no tuvo problemas con recibir la taza grande y humeante de expresso de las manos de la mesera, sin darle tiempo de dejarlo sobre la mesa.

- Mathias Køhler. - Se presentó, extendiendo una gran mano enguantada para darle un apretón poco delicado. Con la otra, se llevaba el sobre de azúcar a los labios para romperlo con sus dientes y volcarlo entero en su taza, - Soy extranjero, de Dinamarca. Tengo 23 años, me gusta el café, trabajo de madrugada, me gusta dormir y no estoy vivo entre medianoche y las cinco de la mañana, no importa cuanta agua fría me tires encima, te aviso. Ah sí, trabajo para el periódico-- digo, solo soy repartidor y todo eso, pero es algo. Estudiaba, pero ya no. - Se encogió de hombros. Ella le había pedido que hablara y él era capaz de hacerlo por bastante rato de esa forma desordenada si ella no le marcaba un rumbo. Sin embargo, no le permitía evadir su duda principal. - ¿Me dirás qué era lo del requisito? -

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Re: Yo invito [Privado]

Mensaje por Emily Moore el Vie Ago 17, 2012 3:19 am

- Pues la novena es mejor que la ultima, ¿no? - Y ahí iba su optimismo jugandole otra mala pasada. ¿Realmente era necesario que dijese eso? No, claro que no, pero estaba en ella hacer ese tipo de comentarios que sonaban alegres, pero no ayudaban a mostrar su lado inteligente... para nada. Evitó sin embargo darse la cabeza contra la mesa por lo que acababa de decir, ya que no tenía muchas ganas de quedar como aun mas loca de lo que era, mas no logro no apartar la mirada, contrastando así con el danés que parecía tener la mirada clavada en su alma o algo así, y justo en uno de los momentos más vergonzosos de su vida.

¿Novena? Comprendía que no fuese la primera, ni la segunda, o incluso la tercera, pero, ¿la novena? En un momento de refección y aprovechando que el otro parecía volver a dirigir su atención a su café, aprovechó a criticar mentalmente a sus ancestros, por ser de estatura reducida, sin mencionar que en su familia corrían genes de pechos relativamente pequeños. Dirigió momentáneamente su mirada a una rubia de metro setenta y tanto con quien primero le vió hablar al rubio y volvió inconscientemente a inflar sus mejillas un poco. La mujer parecía modelo, con tacones altos y vestida con muy poco para tanto frió. Hombres...

Su auto critica fue agradecidamente detenida en el instante en que quien le acompañaba finalmente se presentó. Rápidamente e igualando el gesto ajeno, la estudiante tendió su pequeña mano, solo para verla desaparecer entre los grandes y enguantados dígitos del mayor. En cuanto el saludo termino, ella retrajo su mano, dejándola reposar sobre su regazo y sobandola con su otra mano, pero evito hacer comentarios ante su brutalidad fuerza, ya que temía sonar como una debilucha o una llorona (ambas cosas que de hecho era) ante el aun no del todo conocido joven.

A medida que este le contaba de su vida, carcajeo en silencio ante la mención de ser despertado con agua fría. Tener sueño pesado era algo pero este tipo pareciese ser todo un personaje, y aunque era algo... descortés por momentos, era aun así bastante alegre y parecía ser trabajador. Lo que nos lleva a... - ¿Trabajas para el NYTimes? ¡Yo hago notas para ese periódico! - Dijo, su sonrisa regresando nuevamente a su rostro. Realmente no se esperaba eso. - Aunque es solo medio tiempo, ya que aun no me graduo. - Iba a hacerle una pregunta, pero decidio contra ello, ya que no estaba segura realmente si le estaba escuchando, a demás, algo mas importante fue puesto sobre la mesa.

Relamió sus labio un par de veces y afirmó sus frías manso al rededor de la aun tibia taza roja frente a ella. Esa era la parte difícil. No sabia ni por donde empezar. No podía simplemente ir y preguntarle si el dejaba ver tras su oreja... aunque en ultima instancia si le decía que no tendría su respuesta. Pero pretendía evitar hacerle enojar o ponerle nervioso para que no pensase que ella era una de esas malas personas que le querían llevar de vuelta a quien sabe donde a hacerle quien sabe que...
Inhalo profundamente y soltó tranquilamente el aire. - Mhhh, pues eso no te lo puedo decir aun. - Dijo con tono de misterio, aunque su fina y alegre voz le quitaba el efecto. - Pero quiero hacerte una pregunta... - Pauso de nuevo, esta vez para tomar fuerzas para preguntarle algo que decidiría todo - Supongo que has oído de Pentex. ¿Pues para ti son buenas o malas personas? -
Atentos ojos azules miraron a quien tenían frente a ellos para esperar alguna reacción.

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Re: Yo invito [Privado]

Mensaje por Mathias Køhler el Mar Ago 21, 2012 2:54 am

El danés asintió enérgicamente, ignorante a cualquier implicación ofensiva de su parte y cualquier implicación poco despierta de la muchacha. No era un extraño al optimismo y le sentaba bien que se tomase las cosas con tal ligereza de espíritu; difícilmente habría encontrado agradable que cuestionase su razonamiento en eso. Su gusto en mujeres era absoluto, así como su incapacidad para leer la atmósfera.

Por lo demás, no parecía que fuese a permanecer mucho tiempo en el noveno puesto. Lo pequeña de su mano hizo que le embargara una renovada ternura por la chica, pese a que no podía tener una edad tan distinta a la propia, así como el hecho de que hubiese mantenido su mano en el agarre. Por lo demás, la había hecho reír un tanto ya, y su voz era mucho más linda en ello (aunque estaba omitiendo comentarios que comparasen su risa al ruidito de algún animal pequeño). - Buen apretón, Emi. - Alabó con una sonrisa menos ladina y más gentil, tomándose ya la confianza de acortar su nombre. - ¡Ahora eres la octava mejor! -

Estuviese en el puesto que estuviese, sin embargo, el expresso en taza grande la superaba. Volcó otro sobre de azúcar en la taza, tirando un poco sobre el pequeño plato y sobre la mesa antes de llevarla a sus labios, sus ojos asomándose por sobre el borde, alzando la vista. Enseguida la apartó, emitiendo un pequeño gimoteo al haberse quemado la lengua. - ¡Trabajas para el puto Verlor--! - Interrumpió sus palabras al agudizarse el dolor, llenándose sus ojos de lágrimas por un momento. - Ow, ow... d-debí haberte leído, me aburro un poco y hojeo lo que puedo, si hay algo bueno reviso, pero... entonces, estudiante, ¿eh? ¿Es ese el requisito? Porque ya sabes, me salí. - Probó. El misterio, sin embargo, persistía, y ya no le molestaba tanto como despertaba su curiosidad, aunque en general no le agradaba demasiado que no le quisiesen contar algo.

Por otro lado, era un poco ridículo que desviase el tema hacia las noticias. Especialmente considerando que todo aquel que estuviese involucrado en el NY Times desde hace un tiempo debía estar más que harto de ese tópico en particular.

- ¿Qué tiene que ver? - Fue su respuesta inmediata. No pretendía sonar brusco, pero se le dificultaba expresarse de cualquier otro modo que no fuese el más directo. Por un momento le miró con clara sospecha, frunciendo el entrecejo ligeramente, aunque un encoger de hombros y un sorbo de café parecieron hacerle cambiar de idea. - Lo dices por el trabajo, ¿no? Sé que no les permiten escribir nada muy fuerte ni en contra ni a favor, el jefe debe ser totalmente ovárico con el tema, ¿eh? - Continuó; asumía que la chica le hablaba de lo que aquella misma mañana había leído. El tema no estaba completamente muerto, no, y habiendo fallado en sacar conversación de quienes compraban el periódico, no se negaba a oír la opinión de alguien más. Se inclinó hacia adelante y bajó la voz a un tono más normal, en lugar de su usual volumen. - No me trago lo que les hacen escribir ni nada. Los tipos le han jodido la vida a mucha gente. No me voy a sorprender si uno de estos días se descubre que todas las malditas desapariciones de la ciudad son su culpa. Tú no crees eso de todos sus conejillos de india eran voluntarios, ¿o sí?- A la última pregunta le miró fijamente. Su tono llevaba una seriedad poco característica.

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Re: Yo invito [Privado]

Mensaje por Emily Moore el Miér Ago 29, 2012 11:59 pm

La flasheante alegría que le genero el comentario del danes con respecto a su escala de "decencia" no duro, ya que al ver que este se quemo con su café, rápidamente olvido aquel (pseudo)trivial tema. - ¿Te duele mucho? ¿Quieres que pida hielo? - El maternal instinto la hizo preocuparse al instante, especialmente por que sabía lo mucho que dolían las quemaduras por bebidas calientes, ya que ella nunca había sido la joven mas despierta del mundo... ni estaba cerca de serlo tampoco. Intentó hacerle señas a una de las meseras, pero esta parecía estar bastante ocupada con algo tan importante como era coquetearle al tipo a quien atendía, por lo que ignorar a la joven que pedía desesperadamente un vaso de agua con hielo no le fue para nada complicado.

Declinando su idea de pedir hielo tras unos minutos, suspiro desanimada. Quizás este era uno de los lugares mas lindos de la zona para juntarse y socializar, pero algunas personas pareciese que tenían sus prioridades en desorden.
- Ah pues, si, de hecho el señor Verloren es mi jefe! - La alegría en su voz era obvia. - Siempre tiene mucho estrés, pero es muy bueno en el fondo, yo se que si~. A demás es un editor excelente, es como, mi ídolo o algo así. - Su voz sonaba muy sincera y alegre ante la mención del hombre. Realmente le admiraba, aun cuando pareciese que estaba muy ocupado siempre y se la pasaba enojado, pero aun así ella soñaba con ser como el algún día. Bueno, no tan enojada, pero ser tan importante como el. - Ah, si ojeas el periódico cada tanto es probable. Siempre ando escribiendo, aunque como no siempre puedo leer el periódico cuando lo imprimen no se si todo llega a termino. - Rió frotándose la nuca al pronunciar esas ultimas palabras. Después de todo, era tonto no saber si sus notas se publicaban o no, aunque le llegaban los pagos cuando algo era publicado, pero el despiste no le faltaba.

- ¿Eh? Como crees! Yo se de todas las cosas malas que han hecho esos... esos feos! - Bueno, al caño la madurez. - El jefe me obliga a redactar lo más "objetivamente" posible. Pero yo se que la gente de Pentex ha hecho cosas muy malas. - Las comillas con los dedos al decir la palabra 'objetivamente' no podían faltar. Miro entonces a ambos lados, a ver si alguien les estaba oyendo e Iinclino entonces su cuerpo levemente sobre la mesa, ayudando con la silla donde apoyo sus rodillas para ganar algo de tamaño. De esta manera logro susurrarle al rubio, de tal manera que solo el lograse oir. - Te contare un secreto, pero no le digas al jefe... En realidad estoy en contra de Pentex. Estuve ahí la noche donde se libero a la gente que tenían ahí atrapada. Mira, hasta tengo un botón de la marcha del otro día! - Comento no tan discretamente señalando el enorme boton de colores que con orguyo colgado en su mochila como si fuese un premio novel o algo asi.

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Re: Yo invito [Privado]

Mensaje por Mathias Køhler el Lun Sep 03, 2012 1:05 am

Estaba más que acostumbrado a los accidentes, su tamaño y corpulencia por sí solos le aseguraban bastantes, pues los espacios abarrotados de gente y diseñados para que cada uno ocupase su mínimo cubículo no quedaban jamás a su medida. Tarde o temprano tirada algo al moverse o golpeaba a alguien al pasar o, más aún, se golpeaba la cabeza con algún adorno colgante o fachada baja. Los accidentes de torpeza también eran una ocurrencia común, aunque no tanto, claro; seguía siendo costumbre y lo pasaba por alto fácilmente, por lo que su pequeño corito de "ow, ow" se transformó paulatinamente en risas al ver lo preocupada que se ponía la muchacha.

- Una quemadura de agua caliente no es nada para el rey, descuida. - Replicó, descartando sus preocupaciones con un gesto de la mano. Siendo algo menor sí podía agradarle ese tipo de reacción, incluso parecerle tierna, pues era una oportunidad de lucirse y quedar bien. Por lo demás, la cantidad de coincidencias entre su vida y la de la jóven le estaba haciendo albergar sospechas cada vez más interesantes...

Le miró de piés a cabeza, o cuanto podía, entornando la vista e inclinándose de forma aún más invasiva en lo que contaba como el espacio de la muchacha, A simple vista no había nada fuera de lugar en ella; su perenne serenidad y brillante disposición eran, quizás, su más llamativo aspecto, pero que no fallaba en parecer excesivo y hasta sospechoso después de un rato. Si le había dado una mirada levemente desconfiada al insistir en el tema de Pentex, Mathias ahora sí miraba a Emily con total y poco disimulada sospecha por sobre el borde de su taza, sorbiendo sonoramente.

Bien podía ser una de ellos. Sólo sería cuestión de llevarla a un lugar más privado, forzarla a girarse y mirar tras su oído.

- Seguro no te publican mucho, entonces. Yo nunca le he visto la cara a Verloren, e igual anda encima mío todo el día, sólo que por teléfono. - Apoyando el codo sobre la mesa, encorvado a la altura de la muchacha, descansó su rostro sobre su mano, estudiándola aún. Aquel era otro comportamiento sospechoso; tomaba a la persona más amargada sobre el planeta y la ponía sobre un pedestal. ¡Qué optimismo! Algo de sobrenatural debía haber en su actitud. Por lo demás, estaba del lado opuesto al que debería estar en lo que respectaba a opinión pública. Pocos se oponían a lo que se divulgaba en la media. - Ajá, yo también estuve allí... - Dijo por lo bajo, ampliando aquella sonrisa de medio lado, sospechando aún que podrían haber estado del mismo lado de los vidrios. El botoncito de éste año sólo probaba que continuaba en contra de la corporación. Ahora le interesaba mucho más tenerla cerca, si había encontrado a una de ellos...

- Estuve allí la noche que escaparon todos. No me acuerdo de haberte visto, pero bueh... ¿quedamos en algo con el apartamento? - Picó, continuando en el tono secretivo que tomaban ambos. Lejos de parecer una pareja en una conversación íntima, la cercanía les daba un aire cómico, una mucha encaramada a su silla y un hombre agachado demasiado grande para su mesita.

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Re: Yo invito [Privado]

Mensaje por Emily Moore el Vie Sep 07, 2012 1:17 am

Ya iba llegando la hora de afrontar lo que tanto temía. El rubio como toda persona, necesitaba una respuesta a su pregunta y la muchacha no la tenía, por que ella tampoco tenía la respuesta a su propia pregunta. Dudo. Dudo por un momento si quizás, solo quizás podía directamente preguntarle. Por lo que parecía se llevaban bien después de todo, y aunque a penas se hubiesen conocido aquel día pues, había una gran chance de que aquel joven terminase compartiendo piso con ella. Debía haber al menos algo de confianza entre ambos para eso, y pues, quizás así sería más seguro y todos contentos.

Aunque no le tomo mas de un par de segundos decidir contra eso y guardarse el comentario. Quizás no fuese la más brillante del mundo, pero tampoco era lo suficientemente ingenua como para preguntarle a alguien que podría llegar a reaccionar de lo mas mal, por algo tan duro de su pasado. Volviéndose a su asiento, dejó el bolso nuevamente junto a su silla, se llevó nuevamente la taza de ya frió contenido contra los labios y sorbió otro poco, pensando al respecto. Necesitaba su información antes de darle una respuesta, puesto que aunque todo estuviese en orden, su misión había sido darle asilo a los ex-reclusos que aquella noche huyeron de Pentex sin lugar a donde ir, no a gente común que nesecitara un piso. Ya había rechazado un par de personas antes, pero mas que nunca, esperaba sinceramente que el rubio si fuese uno de ellos. Quizás eso suene algo cruel, ya que eso significaría que el paso por muchas cosas, pero no es por el hecho de pensar en el sufrimiento por el que debe haber pasado, sino por que la joven estudiante ya estaba perdiendo las esperanzas de poder cumplir su 'misión' y a demás, este había sido de todos los prospectos, el mas amigable hasta la fecha.

Derrepente, una idea un tanto infantil, mas bastante interesante llegó a su mente. Una simple tontería que solía jugar con sus hermanos podría ser la respuesta a todos sus problemas. -Ya casi estamos, pero antes, te haré una apuesta, antes de decirte mi respuesta.- Comento levantando un dedo y sonriendo, dejando luego la taza sobre la mesa con la otra mano. -Tinenes que hacer esto...- Inflo entonces sus cachetes, llenándolos con aire, y cerro fuertemente los ojos, y levantándose con las manos las orejas, despegandoselas de la cabeza. Después de un instante, soltó sus lóbulos y abrió los ojos, sonriendo luego de soltar el aire -Y aguantar 10 segundos! Ojos cerrados y todo. ¡Y sin trampas!- Comento haciéndose la seria por un instante. -Si puedes aguantar, yo pagare la cuenta, sino, la pagas tu. ¿Trato?-

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Re: Yo invito [Privado]

Mensaje por Mathias Køhler el Mar Sep 11, 2012 5:19 pm

Su tazón quedó a medio camino entre la mesa y sus labios, alzado y estático cerca de su rostro mientras el rubio miraba inquisitivamente a la muchacha frente a sí. No tardó en dar una nueva carcajada, esta vez tan fuerte que los comensales en las mesas a su alrededor se giraron para mirarles con molestia y, de paso, golpeando con su pesado puño la frágil mesita, que se tambaleó un tanto entre él y Emily. ¡Qué loca que estaba! ¡Ahora sí que le caía bien! No sabía si estaba imitando a un elefante o si estaba intentando inflarse la cabeza, pero no encontró absolutamente nada extraño en la pequeña tontera que le pedía. - Bueno, diez-- -

Se detuvo con una pequeña mueca de dolor. Un dolor extraño, súbito y punzante le había perforado los oídos con tal rapidez que no le dio tiempo de reaccionar, pues de poder decidirlo así, no mostraría jamás una señal de dolor frente a otra persona. No, el rey no podía permitirse lucir mal frente a una muchacha. ¿Qué había sido eso? Ignoró la sensación que permanecía en toda su cabeza, como si fuese a partirse por la mitad en cualquier momento, e intentó regresar a sus labios la sonrisa que se había borrado.

El dolor aumentó, estallando tras sus párpados y haciéndole pestañear repetidas veces. Tenía los oídos tapados de forma dolorosa y el dolor de cabeza, tan rápido como había venido, empeoraba al punto en que sentía como si intentasen abrir su cráneo desde adentro hacia afuera. Esuchaba constantemente una especie de pitido agudo pero poderoso, que se sobreponía a casi todos los demás sonidos de la cafetería. Las manos de Mathias temblaron. El razón que sostenía cayó de entre sus dedos, golpeándose contra la mesa y derramando el café aún caliente sobre las manos desnudas de la estudiante.

- J-Joder... - Mathias apoyó ambas manos sobre la mesa para ponerse de pié, apretando los dientes al punto de hacerlos rechinar. ¡El rey no podía mostrarse así! Todos debían estarle mirando ya, ¡no podía derrumbarse por algo salido de la nada! - Tengo que-- ¡v-voy a volver al trabajo! Estoy tarde, haha... - Se excusó apresuradamente para retirarse.

No dió dos pasos lejos de la mesa antes de que un nuevo dolor estallase en su cabeza y le hiciese temblar las rodillas, forzándole a apoyar una en el suelo. Una gota de humedad se deslizó, entonces, desde su oído hacia el borde de su mandíbula; la recogió con sus dedos, observando luego la mancha rojaba que dejaba sobre los guantes oscuros. Ambos oídos le sangraban.

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Mathias Køhler

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