El mito del Señor Verloren [Privado Alexander Verloren]

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

El mito del Señor Verloren [Privado Alexander Verloren]

Mensaje por Mathias Køhler el Dom Ago 12, 2012 11:47 pm

Había tenido una noche muy larga y parecía no estar saliendo de ella jamás.

La tarde anterior ya había sido agobiante; un día perfectamente bueno, arruinado por una sola llamada de su jefe. Le citaba temprano a su oficina, lo cual no le habría preocupado mucho si no hubiese empleado un tono tan cargado de ira, tan tenso, aún en el modo usual, tajante y conciso. Pero demonios, incluso el modo en que le cortaba el teléfono le había parecido particularmente aterrorizante.

Restaba decir que aquella noche no había dormido. Inquieto y falto de sueño, se había pasado la noche en vela, paseando y distrayéndose con los vecinos despiertos. Por supuesto, era apenas ahora, a las 5 y 30 de la mañana, que caía sobre él el peso del cansancio, tan acostumbrado a sus abundantes horas de sueño que tal desorden le traía desorientado. No había forma en que se le viese desanimado, no a él, mas estaba reaccionando a todo con una lentitud frustrante y se frotaba a cada tanto los ojos, quitándose algo de pereza.

No ayudaba que fuese noche cerrada afuera. Faltaba bastante aún para que el amanecer, el rocío de la mañana seguía siendo escarcha sobre los hombros y cabeza del danés. Y pese a todo, nada podía quebrantar su espíritu como el tick-tock incesante de los relojes perfectamente coordinados dentro del edificio, la espera a encontrarse en persona con la voz seca del teléfono móvil. Y había oído suficiente sobre Alexander Verloren como para saber que debía temer. En efecto, la reacción general de los empleados hacia él era un escalofrío colectivo y una colección de miradas nerviosas... un prospecto poco optimista, sí, aunque no suficiente como para hacer que se retractase. Planeaba mantener este trabajo,joder.

Llegada la hora se mantuvo cerca de la puerta, esperando por la temida figura del Señor Verloren. Había entrado y se había subido al ascensor con su bicicleta, y apenas ahora caía en cuenta de que no sabía dónde se suponía que la dejara...

________ La ecuación Humana ________
avatar
Mathias Køhler

Fecha de inscripción : 07/08/2012

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: El mito del Señor Verloren [Privado Alexander Verloren]

Mensaje por Alexander Verloren el Lun Ago 13, 2012 12:42 am

La mañana era el momento del día que se le podía encontrar más relajado, no detestaba las mañanas, no significase que les gustasen exactamente tampoco. Pero después que el molesto despertador le hacía tensar cada músculo de su cuerpo se levantaba para darse una ducha caliente, asearse, desayunar, hacer algo de yoga y ejercicio ligero, volver a ducharse, cepillarse los dientes y salir al fresco aire de Nueva York. Con su cuerpo relajado, sin tensiones del trabajo, llegaba con sus facciones apenas tensas en sus cejas, saludaba correctamente con los que se cruzaba, apenas un "Buenos días" y seguir su camino a la oficina.

A las 5 en punto ya estaba el pelinegro en su oficina revisando alguna nota que no entró en la edición anterior, y ese día no era la excepción, sobre su ordenado escritorio tenía un par de carpetas con un grueso fajo de hojas, muchas serían rechazadas directamente o dejadas para rellenar más adelante secciones vacías, notas sin "fecha de caducidad" como informes o notas de interés. En la otra carpeta tenía las notas solicitadas por él mismo de eventos de actualidad. Cuando alzó la mirada al reloj ya marcaban las 5:25 cuando se levantó abriendo la puerta de su oficina sin encontrar a nadie esperando. Cerró de un portazo que ya tensaron un poco a los trabajadores que estaban cerca, parecía que el mal humor comenzaba a crecer más rápido de lo normal esa mañana.

5:31 volvió a abrir la puerta y su mirada verde gélida, se clavó en la bicicleta en la antesala de su despacho y sus cejas se juntaron violentamente y la mirada sobre el rubio fue como un latigazo. La frialdad de su imagen parecía irreal, su cabello negro peinado hacia atrás sin un solo pelo fuera de lugar, su traje negro con corbata de igual color, camisa blanca, zapatos brillantes de cuero negros, lustrados e impecables, como todo en él, solo un pañuelo verde colgado de su cuello cayendo sobre su pecho era lo que cortaba aquella severidad monocromática. Incluso la blancura de su piel parecía severa y más aún con lo tenso de sus labios finos.

Tomó un poco de aire y su voz sonó escalofriantemente calma - Deje eso allí y pase. Cierre la puerta y tome asiento. - dijo apartándose de la misma y volviendo a su escritorio para sentarse limpiando el mismo de las notas metiéndolas en las carpetas y tomando un pequeño fajo de hojas engrapado dejándolo en el centro del escritorio vacío esperando a que el danés entrase y se sentase para seguir hablando. - Koler ¿No? Recuérdeme... por que puede ser que me equivoque. ¿En que consiste su trabajo? - el peligro en aquella pregunta era más que obvio.
avatar
Alexander Verloren

Fecha de inscripción : 03/08/2012

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: El mito del Señor Verloren [Privado Alexander Verloren]

Mensaje por Mathias Køhler el Mar Ago 14, 2012 12:58 am

En aquel margen de pocos segundos entre las 5:30 y las 5:31, una variedad de posibilidades pasaron en rápida sucesión por su mente. En la mayoría de éstas imaginaba a su jefe entrado en años, pero de contextura mayor a la suya, una especie de ex-soldado con la constitución física de un tanque, o quizás una figura ensombrecida que permanecería todo el tiempo con la silla vuelta hacia la ventana, sin mostrar su rostro...

Lo primero que aprendió de Alexander Verloren, sin embargo, fue que no era un hombre que retrasase sus compromisos, pues ya abría con cierto aire de impaciencia apenas un minuto después de la hora convenida. De cierto modo, le pareció súbitamente aliviante no haber dormido. Su hábito hasta entonces implacable de atrasarse unos elegantes 5 minutos no le habría divertido demasiado, por seguro. Pero hubiese preferido que tardase un poco más, no decidía aún qué hacer con la bicicleta y al verle, el momento de la verdad en que comprobaba que su jefe no era ni un tanque ni un agente secreto, sostenía aún el manubrio, parpadeando en desorientación.

Las buenas noticias eran que el señor Verloren no era una mole. Al contrario, era esbelto, aunque no femenino; sólo lo suficientemente esbelto para lucir elegante en el pulcro traje, con el cabello pulcramente peinado el poco pulcro pañuelo verde. En peores noticias, su mirada acribillaba su espíritu con inmensa facilidad, fría y a la vez intensa, cargada y a la vez tranquila. Las facciones afiladas no hacían sino resaltarla así como, por supuesto, el porte de casi dos metros de altura. Era la primera vez que Mathias recordaba alzar el rostro para mirar a alguien.

El resto de los empleados, desde sus escritorios y cubículos, le dedicaban un silencio casi de pésame. Pese a que tardó unos segundos en reaccionar, atontado por la falta de sueño, enseguida levantó la bicicleta con una mano y la descartó hacia el costado, dejándola a medio caer contra una pared. SIn más se introdujo en la oficina, cerrando la puerta tras de sí para aislarles en aquel ambiente de paredes y muebles oscuros, todo barnizado, limpio y brillante.

- Køhler, señor. - Corrigió sin pensar mientras se sentaba en la solitaria silla al otro lado del escritorio del editor, pronunciando aquella 'o' extremedamente suave y fluída correctamente. Descubrió con una mezcla de agrado y nerviosismo que la silla era de brazos altos, por tanto apartada del escritorio, ambos perfectamente centradas entre una pared y otra, dándole la impresión de ser el centro de atención en la habitación.

Carraspeó, aclarándose la garganta aunque no lo necesitaba realmente. - Reparto periódicos, señor Verloren. Al poco tiempo de que entré me dijeron que se fueron un par de tipos, así que cubrí sus áreas también. Después de eso cubro el quisco del Times Square. - Explicó con una sonrisa, tomando confianza con excesiva rapidez. - ¿Y eso que decidió que nos conozcamos, eh, Jefe? -

________ La ecuación Humana ________
avatar
Mathias Køhler

Fecha de inscripción : 07/08/2012

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: El mito del Señor Verloren [Privado Alexander Verloren]

Mensaje por Alexander Verloren el Mar Ago 14, 2012 4:58 am

No había llegado a su escritorio cuando escuchó el sonido de la bicicleta contra la pared, resbalando ligeramente y haciendo sonar ligeramente la campanilla, le pusieron los pelos de punta. Odiaba que los objetos se arrojaran. Más aún cuando era dentro de su área de trabajo, le gustaba el control, el orden y definitivamente objetos lanzados no era ni orden ni control.

Al sentarse su espalda se enderezó pero sin llegar a tocar el alto respaldo de cuero de la cara silla de oficina, su mirada seguía fija en el rubio y sus cejas se tensaron cuando escuchó la corrección. Odiaba ser corregido. Más por alguien inferior en poder a él. Ahora que el rubio hablaba lo miraba con más atención, el cabello rubio encrestado, desprolijo y sin un corte sobrio. Él mismo tenía el cabello ligeramente sobrepasando los hombros y no necesariamente tenía que tenerlo desprolijo como él rubio. Odiaba aquel cabello desalineado. Su voz... era alta, alegre y confianzuda, no le agradaba como se dirigía a él, menos aún cuando ya dejó de llamarlo "Sr. Verloren" como correspondía y como lo había hecho en el celular todo este tiempo. Odiaba su confianza. Así mismo, para colmo de males, notaba que el rubio se había sentado y había movido la silla, no estaba alineada frente a frente ni derecha hacia él, si bien el cambio era mínimo, le molestaba en demasía no ver la silueta del rubio centrada en perfección con la puerta a sus espaldas. Odiaba que las cosas estuviesen fuera de su lugar.

Momento a momento se notaba como la tensión crecía en el pelinegro, como sus manos se apoyaron frente a él, entrelazaron sus dedos, lentamente sus nudillos comenzaban a ponerle algo blancos por la presión ejercida al apretar más y más sus manos entre sí. Sus labios se tensaban y el músculo de su cuello comenzó a tensarse bajo la fina y delicada piel. Finalmente suspiró y se levantó tomando los papeles y lanzándolos al regazo del rubio, por un instante se pudo verse como tomó aire y toda aquella tensión comenzó a liberarse en el inicio de lo que sería una probada de infierno para Mathias.

- ¡Si es tan consiente de lo que consiste su trabajo ¿por que no lo realiza?! ¡¡783 personas no recibieron su periódico ayer!! ¡Todos de su zona! ¡¡135 quejas llegaron por mail y más de 300 llamados saturaron este teléfono!! - Al mencionar aquello apoyó su mano con brusquedad sobre el aparato que parecía fuerte y haber soportado más de un golpe de aquella índole. No dejó que modulase palabra y su cuerpo se inclinó sobre el escritorio volviéndose en una posición más agresiva e invasiva, así mismo su voz se alzó más ya dejándose escuchar con claridad más allá del área de redacción, incluso con el sonido de las máquinas armando los últimos periódicos y empacándolos para su salida en unos 25 minutos.

- ¡¡Toda la mañana sonando el maldito teléfono sin dejarme hacer MI trabajo y USTED no contestando el suyo esquivando SU trabajo!! - apartó sus manos y retrocedió apenas un poco enderezando su espalda pero aún mirándolo con aquellos ojos embebidos en aquel odio hacia la situación y hacia aquella persona que le agregó estress a su día, no solo este si no el anterior - ¡No quiero oír excusas, Koler! - gritó a nueva cuenta mal pronunciado el apellido ajeno. - ¡Solo quiero que haga el trabajo que se le paga por hacer! ¡¡No le pago para que se siente toda la maldita mañana en una casilla de periódicos si no para que cubra toda el área C y D!! ¡Si quiere quedarse sentado podrá hacerlo todo el tiempo que desee en su casa! - al dejar de gritar una ligera excitación en su respiración le hizo respirar profundo para recobrar el aire y volver a sentarse. Sus manos se apoyaron en su regazo y cerró los ojos solo por un instante antes de volver a mirarle con fijeza directo a los ocelos celestes del danés. - ¿He sido claro? - finalizó con la voz más calmada pero aún en un tono alterado y estresado.
avatar
Alexander Verloren

Fecha de inscripción : 03/08/2012

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: El mito del Señor Verloren [Privado Alexander Verloren]

Mensaje por Mathias Køhler el Miér Ago 15, 2012 9:52 pm

No muy perceptivo a su entorno ni a la atmósfera ni al lenguaje corporal de otras personas, mientras Alexander acumulaba tensiones y tachaba con miradas crueles todo lo que le molestaba, Mathias simplemente se quedaba quieto y sonriente, esperando a que respondiese su pregunta. Estaba más tranquilo ahora que estaban a solas y habiendo visto que, contrario a las creencias populares y mitos de oficina, no era en lo absoluto una bestia. Tenía la apariencia de un hombre ligeramente estresado, sí, pero su apariencia no estaba muy marcada por la edad y habría pasado como un joven empresario cualquiera si no supiese de él de antemano. No pasó por alto la tensión del músculo del cuello ni la graciosa venita que palpitaba en éste, pero no le parecían de particular significancia hasta que vio sus manos juntas, el gesto medido de alguien que se dispone a tener una larga charla, pero con los nudillos así de blancos...

Alzó la vista a su jefe. Sus ojos le parecían de un verde acídico, despiadado. Un escalofrío recorrió su espalda.

La voz del hombre de cabello negro le hizo enderezarse en la silla, perdiendo su postura usual, encorvada y relajada. El hábito se lo habían inculcado los espacios entre casa y el trabajo, todos pequeños para un hombre de casi metro noventa, y sin embargo, la oficina parecía más bien hecha para acomodar esas medidas. Aún al ponerse recto, sin disimular su porte, Alexander Verloren era una figura mayor, imponente, que lograba cernir una sombra sobre él y que seguramente se habría alzado como una torre frente a un empleado de estatura más normal. Se sobresaltó en su sitio con el golpe al teléfono, sus manos aferrándose a los brazos de la silla. Ya no sonreía; lentamente fruncía el ceño, mordisqueando y tensando sus labios de a ratos, apretando al mismo tiempo las manos, entre culpable, nervioso y algo más.

- También tomé el área E. - Respondió en voz baja. - El chico que la cubría renunció anteayer. Le pedí que me la dejara a mi. -

A su silencio le acompañaba el del edificio entero, pues a través de las delgadas paredes los empleados de oficina habían oído perfectamente la mayor parte de los gritos. Para alguien tan delgado y con una entonación tan agradable en calma, Alexander podía sacar una voz increíblemente poderosa al estar en ira. Todo ruido que pudiese molestarle más se acalló a un murmuro distante de papeles, susurros y maquinaria indiferente.

Esperó a que su jefe se hubiese reinstalado en su sitio, conteniéndose, para aclararse la garganta a hablar de nuevo. - Ehm, entonces... ¿quiere que lo haga ahora? ¿O estoy despedido y me voy a casa? Es que no entendí esa parte. -

________ La ecuación Humana ________
avatar
Mathias Køhler

Fecha de inscripción : 07/08/2012

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: El mito del Señor Verloren [Privado Alexander Verloren]

Mensaje por Alexander Verloren el Jue Ago 16, 2012 9:09 pm

El comentario que agregaba una zona más le sumaba un peso extra sobre el rubio, no había tomado en cuenta las quejas de aquella área ya que estaba al tanto de la renuncia pero no sabía que el danés había tomado el puesto sin siquiera avisarle. Apretó sus dientes y sus dedos volvieron a presionarse, después de aquella pequeña explosión intentaba calmarse, retomar la calma de la mañana que ya daba por perdida. Se podría decir que su tranquilidad era un elefante haciendo equilibrio sobre una aguja, si hacía equilibrio estaba incómodo y cuando caía, el mundo a su alrededor temblaba por esto. No había llegado a volver a su equilibrio que nuevamente estaba en caída libre.

Realmente había que darle un premio al rubio, hasta la fecha no se había cruzado con nadie que fuese capás de exasperarlo con cada una de las palabras que salían de su boca. No pasaban ni diez minutos que estaba sentado en esa silla y ya sentía que tenía ganas de lanzarlo por la ventana. Pasó su mano por su nuca acomodando sus cabellos más largos y suspiró conteniendo forzosamente su voz para no volver a gritar - Quiero que tomes con responsabilidad tu maldito trabajo. - su mano se apoyó en la superficie de la mesa y sus dedos tamborilearon un par de veces antes de apretarse contra la madera - Tomas también el área E. Te ingresaré como responsable de esa área, pero por incumplimiento se te restará el bono de responsabilidad. Te quiero fuera de mi vista y en la calle cumpliendo tu trabajo. A las 7 en punto ya tienen que estar todos los periódicos entregados. Si recibo una sola llamada de queja correspondiente a cualquiera de tus áreas. Estás despedido. - hizo una ligera pausa, cada palabra había sido articulada con forzosa calma que solo sumaba tensión y presión al semblante ajeno.

Sus dedos tamborilearon una vez más antes de mirar nuevamente con aquella mirada esmeralda y afilada al rubio - ¿Y bien? ¿Ahora si he sido claro? ¿Tienes alguna pregunta más antes de retirarte? - indirectamente le estaba ya echando aunque ya sospechaba que las sutilezas no eran algo que el danés entendiese bien.
avatar
Alexander Verloren

Fecha de inscripción : 03/08/2012

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: El mito del Señor Verloren [Privado Alexander Verloren]

Mensaje por Mathias Køhler el Vie Ago 17, 2012 8:54 pm

Más atento ahora a los gestos del pelinegro, se sentía realmente incapaz de apartar la mirada. Algo tenía su atención cautiva, y no era ninguna de sus palabras ni de sus acciones en particular, sino el prospecto de hasta dónde las llevaría; veía que algo se batía bajo la voz tensa y las palabras mordaces, en la ambigua línea entre estar siendo severo y estarle insultando. ¿Intentaba insultarle? ¿Le estaba tomando como alguien inferior? ¿Era condescendencia, aquello que sentía en su voz? Quería saber si se atrevería. Quería verlo atreverse.

Ya no estaba sonriendo. Inclinado hacia adelante, con el entrecejo fruncido, se quitaba los guantes negros mientras apretaba sus labios en una línea tensa, mordisqueándolos de a ratos. Con las manos ahora libres apretó el borde del escritorio, su vista fija con súbita seriedad en la ajena, aunque lejos de igualar el gélido filo de aquel verde esmeralda. Sus ojos, al contrario, aparecían ensombrecidos, arrugado el espacio entre ambos como si fuese un animal a punto de gruñir.

Y sin embargo su voz no cambiaba demasiado de su tono usual, claro y casi jovial. - No me importa su dinero. No me pague los días de licencia, si tanto le preocupa, aunque debería recibir un bono por todo lo que hago. ¡Si no estuviese en bicicleta, pediría una fortuna en nafta! ¡PERO! - Se alzó de la silla, enfrentando su porte unos centímetros más bajo, pero ciertamente más ancho, al del pelinegro del otro lado del escritorio. Sus manos golpearon la superficie de éste al apoyarse con brusquedad, para luego tocar él el teléfono personal del editor. - Una llamada, y estoy fuera. ¿Es acaso una amenaza, señor Verloren? -

Un regaño a sus faltas era admisible, proviniendo de alguien como Alexander, que podía imponerse incluso frente a Mathias. Sin embargo, presionaba el asunto hasta estar metiéndose con el orgullo del danés. Alexander tenía el aspecto de haber pasado la totalidad de su vida al borde de un ataque de ira o de histeria, conteniéndolo. Mathias no permitía que fuese con él con quien decidiese descargarse.

________ La ecuación Humana ________
avatar
Mathias Køhler

Fecha de inscripción : 07/08/2012

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: El mito del Señor Verloren [Privado Alexander Verloren]

Mensaje por Alexander Verloren el Sáb Ago 18, 2012 8:49 pm

Sin sentirse intimidado por la mirada ajena, ya había intercambiado palabras fuertes e incluso gritos con otros empleados, ninguno del porte del danés que seguramente tenía mucha más fuerza que él. No se levantó, pero sin embargo su porte no parecía ni disminuído ni intimidado cuando la sombra del danés le cubrió ya que la iluminación del lugar provenía de una única lampara colocada junto a la puerta de entrada, a su espalda la ventana mostraba aún un paisaje nocturno faltando casi una hora para que amaneciera. Sus dedos se presionaron entre ellos conteniéndose nuevamente, comenzando a ser aquel vaso lleno hasta el borde de agua y que el rubio comenzaba a colocar gota tras gota haciendo temblar la superficie del líquido. Al igual que la tensión superficial del agua evitaba que esta desbordara el vaso, el autocontrol del pelinegro evitaba que explotase, pero ambos factores eran igual de débiles y delicados.

El golpe en su escritorio le hizo contener la respiración, su mirada estaba tan fijamente en la ajena que parecía ser corpórea aquel deseo asesino que llenaba poco a poco al editor. Estaba tocando sus cosas, invadiendo su espacio, levantandole la voz, cuestionando sus palabras y su autoridad. Dejó pasar algunos segundos antes de responder. Igualmente la calma con la que lo hizo era verdaderamente como el ojo de una tormenta - Estoy poniendo en claro su trabajo y su situación. No hay amenaza alguna, solo hechos. Si no cumple con su trabajo correctamente, se tomarán medidas.- moduló cada palabra como si se lo explicase a un niño menor.

La gota cayó sobre la superficie y esta tembló... pero el el contenido siguió dentro del vaso...
avatar
Alexander Verloren

Fecha de inscripción : 03/08/2012

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: El mito del Señor Verloren [Privado Alexander Verloren]

Mensaje por Mathias Køhler el Dom Ago 19, 2012 3:23 am

Era demasiado temprano para todo aquello. Siendo una rareza el ruido a esas horas, más aún proviniendo de la oficina, más aún la voz de Mathias gritando a alguien, por no mencionar haciéndole frente a la figura más temida del centro de Nueva York... los murmullos del otro lado de la pared habían aumentado un tanto, más acelerados. Para el danés aquello no era más que ruido blanco, secundario a su creciente irritación con el hombre mayor, tan condescendiente que se quedaba sentado en su gran sillón de cuero incluso cuando él se ponía de pié para encararlo. Le molestaba de sobremanera que su forma de reaccionar fuese tan contenida, que estuviese tan quieto, que negara estar amenazándole cuando sus palabras tenían tan claramente esa finalidad. Ahora sí, le estaba tomando en menos...

¡Y sus palabras! ¡Su forma de expresarse! ¡Le hablaba como si él fuese inferior! ¡Más aún, como si tuviese que aceptar tal cosa! No, jamás, él hacía lo que hacía porque quería y listo.

- Sé lo que tengo que hacer, ¡¿cree que no?! - Desafió; habiendo comenzado no podía detenerse, impulsivo, esperando él mismo la mínima provocación para dar rienda suelta a la agresividad, aunque seguía siendo su sentido de superioridad lo que conducía sus actos. Golpeó la mesa con una de sus manos, aquella que apoyaba sobre el teléfono, repitiendo la acción de Verloren hace unos momentos, aunque el aparato no era suyo para maltratar. - ¡Soy el rey del área norte! ¡Puedo encargarme de más que cualquiera! -

En el fondo, era ese su problema. No podía ser bajado de su figurativo pedestal. Al silenciarse por un momento se quedó jadeando, apoyado por sobre el escritorio con la vista entornada. - Tch... - Chasqueó la lengua en molestia, lentamente echándose hacia atrás para enderezarse. - No podría reemplazarme. -

________ La ecuación Humana ________
avatar
Mathias Køhler

Fecha de inscripción : 07/08/2012

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: El mito del Señor Verloren [Privado Alexander Verloren]

Mensaje por Alexander Verloren el Dom Ago 19, 2012 4:38 am

Los gritos del danés seguían llenando el ambiente, poco a poco colmando la paciencia del pelinegro que cerró por un instante sus ojos para contar ligeramente hasta 5 y recuperar la calma... pero no pudo hacerlo, el golpe en el teléfono llegó al número 3 y le hizo abrir subitamente los ojos tensándose como si aquello le hubiese azotado la espalda. Apretó sus dientes, ya le dolía la mandíbula de hacer aquello pero no podía dejar de hacerlo, así mismo también le dolían sus nudillos por la presión en sus dedos, el pecho le presionaba en aquel malestar tan conocido, aquel nudo en su corazón que no le dejaba relajarse ni un instante. Definitivamente odiaba a aquel hombre que no se limitaba a cumplir su trabajo.

Echó la silla hacia atrás haciendo que el respaldo golpease contra una mesa que estaba a los pies de la ventana llena de papeles, algunos cayeron y la figura alta del pelinegro se impuso ahora contra la ajena golpeando sus manos apenas a centímetros de donde este las tenía. Su voz se alzó nuevamente como en un inicio, imponiendo su presencia, puesto y embebiendo sus palabras en el odio que estaba sintiendo, casi que cada palabra era escupida mientras modulaba. Si bien su tono era alto, no gritaba, el timbre de su voz era claro y fuerte pasando por las paredes como si no existiesen pero se notaba que podía llegar a ser mayor si se descontrolaba.

- ¡Si tan bien sabes lo que tienes que hacer: ¿Por que no lo hiciste ayer?! ¡No eres un Rey! ¡Eres un simple repartidor de periódicos! ¡Insolente! ¡Irrespetuoso! ¡Indisciplinado! ¡Irresponsable! ¡Incapás de realizar su trabajo correctamente! ¡Tomas más trabajo del que puedes realizar y después lo incumples! ¡Va más allá de dinero perdido! ¡Incumplimiento de las responsabilidad de la empresa hacia los clientes! ¡Eres un niño insolente incapás de comprender lo que es una imagen corporativa y mantener la misma! No solo le fallaste al NY Times, también a los clientes, que si no te has dado cuenta, son ellos los que ponen el dinero en tu bolsillo para que lo gastes en... en... cigarros, tatuajes y esas cosas! - Tomó algo de aire y cerró su mano en un puño golpeando la mesa. Su cuello mostraba la prominente vena con cada vociferación. - ¡Más encima reclamas tu trabajo como un derecho cuando es un privilegio! ¡Y si leyeras siquiera tu contrato sabrías que si utilizas un vehículo la empresa te brinda los viáticos! - finalizó aún molesto con el comentario anterior.

Su mano se relajó apoyandose abierta nuevamente y su respiración se notó agitada comenzando a controlarla concientemente. El danés no solo había tirado la gota que derramó el vaso, lo había pateado y estrellado contra la pared.
avatar
Alexander Verloren

Fecha de inscripción : 03/08/2012

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: El mito del Señor Verloren [Privado Alexander Verloren]

Mensaje por Mathias Køhler el Mar Ago 21, 2012 12:49 am

¡Y ahora sí reaccionaba! Nada podía exasperarlo más que el semblante que había llevado hasta entonces, la perfecta imagen de seriedad pero con nudillos blancos y mandíbula tensa, reprimido, implicando con todo aspecto de su ser que no valía la pena alterarse siquiera, que él no lo valía, que era así de insignificante... era una superioridad silenciosa e irritante. Sólo la tensión súbita de su mandíbula le permitió predecir el quiebre, sin sorprenderle el estrépito de la silla al caer por el alzar rápido que ya se veía venir.

Le calmaba y a la vez le impulsaba verle finalmente reaccionar, ponerse de pié y desafiarle de regreso como un igual, como un hombre en lugar de un puesto jerárquico con un lindo título y teléfono propio. Era así como le gustaba que fueran las cosas, su voz contra la del otro, su porte frente al del hombre mayor, volver a lo más básico y crudo. Y, francamente, Verloren era mucho más formidable así, con los ojos encendidos y seguramente a punto de desordenarse el cabello que con tanto cuidado llevaba engominado hacia atrás, Finalmente estaban a equiparable altura.

Sin apartar sus manos de la mesa y manteniéndose inclinado hacia adelante cerraba a un mínimo la distancia entre él y su jefe, de tal modo que al golpear la mesa el puño de Alexander rozaba su mano peligrosamente cerca. No obstante, no retrocedía. Sus insultos no le alcanzaban realmente, pese a que le irritaban enormemente estaba demasiado seguro de sí mismo como para que le afectase, ni la falta propia, ni la reprimenda, ni los insultos, ni...

Alexander apoyó la mano extendida sobre la mesa. Su pulgar quedó sobre el meñique del danés, piel directamente sobre piel.

Desde ese momento en adelante, Mathias vio rojo.

Su manos se tensaron, luego sus brazos, luego su cuerpo entero, un cambio tan brusco que provocó una punzada de dolor en su pecho. En retrospectiva, cada una de las palabras ajenas volvieron a él, de golpe, ¿cómo podía no enfurecer? Verloren no era más que un engreído hijo de puta con dinero, si tan sólo le mostrase todo lo que podía suceder cuando uno de sus empleaditos se atrevía a agarrarlo... quiso replicar, mas lo único que su garganta conseguía producir era un gruñido profundo. No se molestó en intentarlo otra vez.

Se movió por impulso, y la sucesión inmediata de eventos no falló en aturdirle: sus manos se apartaron del escritorio, tomando la silla tras de sí. El momento en que perdió el contacto con el hombre de cabello azabache, sin embargo, fue equivalente a dejarse ir en caída libre: un golpe de aire, una claridad súbita, un cambio que ahora le exasperaba y le dejaba más irritado aún, aunque sin aquella opresión en el pecho. Recuperó en ese mismo segundo la capacidad de razonar, antes aplacada, aunque sus pensamiento se agolparon con demasiada rapidez. Entendía lo que sucedía. Blandiendo la silla con sorpresiva facilidad hacia adelante gritó sin reservas. - ¡ERES UNO DE ELLOS! -

________ La ecuación Humana ________
avatar
Mathias Køhler

Fecha de inscripción : 07/08/2012

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: El mito del Señor Verloren [Privado Alexander Verloren]

Mensaje por Alexander Verloren el Miér Ago 29, 2012 12:59 am

Su enojo solo crecía más y más, como una caldera que el agua se iba evaporando y generando presión en su interior amenazando con estallar. El pelinegro detestaba aquella actitud, detestaba que por más que le gritase a la cara solo recibiese indiferencia. Le había provocado, pinchado y empujado al punto que había explotado, que todo aquel odio retenido se manifestaba a modo de gritos y golpes en la mesa. Ahora que había obtenido lo que quería se tomaba el lujo de ignorarlo, de sentirse superior aún después de lo que le decía... ¡De no sumirse ante su autoridad!

No lo notaba...

Su pecho se infló ligeramente cuando enderezó su espalda, alzando altura para anteponerse a la actitud del otro. Finalmente respondía, sintió como aquello le causaba un retorcido placer, satisfacción ante una reacción que había causado con sus palabras, aunque fuese una negativa. No retrocedió cuando el rubio pareció enviolentarse, solo volvió a alzar su voz en un grito más potente y agudo. - ¡Me lanzas eso y puedes considerarte más que despedido! -, no le convenía, el rubio cubría en su totalidad el área norte de la ciudad, el trabajo de 4 hombres y con un sueldo de apenas de 3, no podría conseguir alguien que cubriese ese puesto tan rápido... menos 4 hombres que lo hagan. Y los otros repartidores estaban al borde de renunciar. Pero aquel impuso de hablar sin pensar, de no dejarse pasar por arriba y de sentir que no necesitaba a nada ni nadie en su periódico, era algo latente que nunca había sentido.

Aún no lo notaba...

Solo cuando el rubio apartó su mano y su dedo pasó de estar sobre el dedo ajeno a golpear suave la madera debajo, palideció. Se habían tocado... lo había tocado. Y ahora tenía sentido aquel cambio de actitud... sin embargo enseguida se arrepintió de sus palabras, sintió también como su postura bajaba ligeramente y aquel sentimiento de superioridad se desinflaba. Sus labios temblaron y retrocedió un par de pasos alejándose del escritorio que los sepadaba llevando su mano a su pecho protegiéndola con la otra como si aquel tacto le hubiese quemado. El vacío que sintió en donde antes había estado todo ese orgullo ahora le dejaba en claro que no era solo él en aquella oficina que tenían algo que ocultar. Igualmente volvía a sentir aquel nudo, aquel odio por haber permitido aquel contacto.

Fue a decir palabra cuando la silla le apuntó y la voz ajena cubrieron la primera palabra que iba a decir. Enseguida la cólera le subió volviéndolo a adelantarlo golpeando las manos en el escritorio y subiendo una para bajar la silla sujetándola de una de las patas. El brusco movimiento le despeinó ligeramente soltando algunos cabellos en su frente dándole un toque más real a su pulcro peinado. - ¡Baja esa maldita silla y cierra esa maldita boca! Inconciente. - su voz fue brusca y alarmada pero de un volumen razonable. - Que bajes la maldita silla. - repitió sin bajar su nivel de tensión, al contrario empeorándolo a cada segundo que pasaba. Intentaba razonar aquello, acomodarlo. Si bien había posibilidades que se hubiese cruzado con varios experimentos, nunca una experiencia tan cercana... y hasta ahora nunca lo habían descubierto. Ya bastante tiempo y dinero invertía en cuidar su identidad como para arruinarlo por un tonto repartidor escandaloso y descuidado.

Suspiró llevando su índice y pulgar al puente de su nariz intentando calmarse, contando mentalmente hasta 10. - Koler... - mencionó en voz baja y bajó su brazo para mirarlo - Solo... solo dejemos esto pasar... olvide esta conversación, solo regrese a su trabajo. - dijo intentando restarle importancia, al menos hasta que pensara en algo... Tenía que hablar con su consultante pronto.
avatar
Alexander Verloren

Fecha de inscripción : 03/08/2012

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: El mito del Señor Verloren [Privado Alexander Verloren]

Mensaje por Mathias Køhler el Jue Ago 30, 2012 2:52 am

Era satisfactorio y a su vez no; había conseguido arrastrar a Verloren a un nivel en que adoraba verle, golpeando y gritando y desordenando su cabello. Una parte de sí continuaba deseando justamente eso, bajarle de su trono, ponerle en su nivel y "derrotarle" allí, mas la mayor parte de él seguía nublada en un odio tan absoluto, tan visceral, que no le permitía cantar victoria tranquilamente. Su pulso, su corazón, se hundía como un peso frío en sus entrañas y su mano temblaba en deseos de ocuparse sobre el otro, tener algo que romper para liberar la sensación tensa que ponía tal barrera a su sentido de satisfacción. El pequeño momento de duda al separarse de su mano había sido exilarante, una indicación de que había ganado, de que era mejor, por cuan poco le duró...

Pero ahora Alexander tenía la postura que él habría mostrado hace momentos, el porte de quien se hace llamar el rey de un lugar, aunque su mirada de un verde ácido le desafiaba. El enfrentamiento físico le sentaba maravilloso. Se atrevió a dar un golpe de su palma a la silla que blandía, apartándola un tanto de modo que ya no le apuntaba directamente. Mathias veía rastros de sí mismo en aquella postura, una inyección pura y cruda de lo que era él en la mente del pelinegro. Le había dado algo de sí. ¿Sería igual para Alexander? ¿Vería algo en sus ojos entornados, en su gruñir? ¿Vería el reflejo de sí mismo? ¿Confundiría los golpes de sus manos con los de las propias?

Y bajó la silla. La bajó con tal fuerza sobre el borde del robusto escritorio que las patas se astillaron. Desde allí, un jalón de su mano a la pata más débil mientras la otra mano sujetaba el asiento mismo bastó para desprender la pieza de madera astillada. Dejó caer el resto de la silla al suelo, manteniendo consigo la pata como arma, astillada e irregular en una punta. Y sin embargo no conseguía blandirla, no podía aferrarse en demasía al impulso anterior y lo sentía desvanecerse rápidamente, perdido el contacot físico. Percibía el filo de las palabras de su jefe como una señal latente de amenaza, era claro que bajo la superficie bullía aún la ira inflamada por el súbito sentido de superioridad, contenido bajo aquel frustrante y forzado autocontrol que parecía caracterizarle. Pero...

Su propio sentido de control volvía gradualmente a él, disipada la ira ciega. Jadeaba al observar al otro serenarse, desorientado, incapaz aún de encontrar su voz. Tragó saliva y dejó caer el trozo de madera que sostenía. Dudó antes de conseguir hablar.

- No, oiga, yo... - No quería dejar aquello de lado. Esto era importante y no quería soltarlo, no quería que pretendiese que no hubiese sucedido después. Pero no sabía qué decir. Descartó la idea de contarle sobre sí mismo.

Se acercó con lentitud, su postura mucho más mansa ahora, con ambas manos mostrando sus palmas en señal de que no era una amenaza. Rodeando el escritorio, se puso a recoger los papeles que el otro había tirado al echar su silla hacia atrás (el blanco, los bloques de texto mudos para él le ayudaban a poner las cosas en perspectiva, regresar a sí mismo), alzando a su vez el asiento de cuero negro del suelo para volver a ponerla en su lugar. Ahora, extrañamente, se comportaba como un empleado servicial. Sus ojos azul cielo buscaron la mirada del pelinegro. - Mantendré su secreto, sabe. - Dijo en una voz más baja ahora. - ¿Alguien más... se ha enterado alguien más de por aquí? ¿O alguien más, en total? -

________ La ecuación Humana ________
avatar
Mathias Køhler

Fecha de inscripción : 07/08/2012

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: El mito del Señor Verloren [Privado Alexander Verloren]

Mensaje por Alexander Verloren el Mar Sep 11, 2012 3:55 am

Su mano pasó enseguida por su cabello, volviendo a poner en su lugar los mechones que se habían desacomodado de aquel arranque que había sufrido. No era la primera vez que veía a alguien reaccionar así por haberle tocado, era consiente que el toque suyo en otra persona era como veneno para el alma. Él ya casi que estaba costumbrado a sentirlo, sentir aquella presión en su corazón, aquel nudo en su garganta, el mal humor agravado que aquel sentimiento cancerígeno carcomía cada partícula de paz en su mente. A no tener un respiro fresco y relajado, al sentir siempre sus hombros como dos rocas y sus manos tensas en puños clavando sus uñas en sus palmas. Él podía respirar profundo y controlar aquel sentimiento lo suficiente como para poder continuar su trabajo o su vida sin tener que caer en la violencia, guardando todo eso en su mente y en su pecho... sin embargo lo había visto como ahora... a otras personas caer en aquello, perder los estribos, gritar, descontrolarse, llorar de ira y rabia por lo que sentían, irse de manos y terminar después arrepentidos y sin terminar de comprender lo que habían hecho... el odio impulsaba a mucho y se necesitaba demasiado autocontrol para poder poner un alto a aquello.

Y era lo mismo, aquella esencia de su propio ser expresada en otros que si se dejaban llevar por lo que sentían... demasiadas veces él había tenido ganas de romper una silla... no... la verdad era que no, pero a su versión si era lo mismo, envenenar una bebida, poner vidrio molido en un almuerzo, buscar una brecha legal para dejar en bancarrota, o solo romper un matrimonio o pareja feliz por meterse en medio. Si, sentía que la venganza era un bálsamo exquisito a su cáncer, pero era solo una ilusión... nunca lograba deshacerse de él y solo lograba odiarse a si mismo por lo que hacía, por eso, si bien en inicio si se había dejado llevar y había arruinado alguna que otra vida, o al menos hacerla un poco más amarga, él no había ganado nada más que amargura, por eso mismo optaba por un estilo de vida más en paz consigo mismo... si es que se podía llamar paz lo que sentía.

Intentó apartarse un segundo de aquella realidad. Era malo, muy malo, alguien sabía su secreto... y alguien como él lo sabía... enseguida por su mente pasaron toda clase de preocupaciones ¿si lo chantajeaba? ¿Si lo entregaba? Sabía que sus cabezas tenían precio y no necesariamente de lado de Pentex. ¿Que número era...? ¿Tendría el mismo tormento que sufría él día a día? ¿También se ocultaba? Tampoco podía entrar en pánico, era uno como él... ¿no? Seguramente también huía de aquella vida e intentaba vivir lo más normal posible acorde a su condición. Lo conocía desde hacía meses y nunca le había creado problemas... muchos. Seguro también buscaba una vida tranquila como la suya.

Notando que su agresividad bajaba y recogía los papeles, comenzó a calmarse, cerrando sus ojos y respirando lentamente aplicando una de las tantas técnicas que gastaba día a día. Odiaba sentirse así, Odiaba tantas preguntas en su cabeza. Odiaba no tener la privacidad para hablar. Odiaba que fuese justo esa persona que se enterase... Asumió que el cambio de actitud ajeno era por dejar de sentir aquel veneno que era su tacto. Tomó los papeles que le entregaba dejándolos de nuevo en el escritorio y suspiró sonoramente mirando al rubio con el ceño fruncido. - Solo una persona sabe... nadie más... ¡Y ahora tú...! Maldita sea... - se acercó la silla y se sentó estirando su cabeza hacia atrás subiendo su mano para masajear uno de sus hombros, nuevamente estaba demasiado tenso, al punto del dolor. Pensó unos segundos y habló, en voz sumamente baja, sabiendo lo finas de las paredes. - No es buen lugar para hablar... Solo vaya a seguir su trabajo y si desea hablar, después del trabajo vamos a otro lugar. - dudaba un poco de lo que estaba haciendo, más bien de lo que decía. No estaba seguro realmente si quería hablar al respecto o si quería acercarse a alguien más, incluso si era otro como él... pero también tenía bastantes preguntas... era el primer experimento que tenía contacto con total conciencia. Sabía que podría haberse cruzado con otros, pero le era indiferente. Preferible seguir viéndolos como personas comunes, tenerlos lejos, lejos de su comodidad.
avatar
Alexander Verloren

Fecha de inscripción : 03/08/2012

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: El mito del Señor Verloren [Privado Alexander Verloren]

Mensaje por Mathias Køhler el Sáb Sep 15, 2012 8:20 pm

No conseguía decidirse sobre qué era mejor, si el estado en que había estado hace unos momentos o el estado que le era normal. El orgullo que le engrandecía sumado al odio que se había centrado únicamente en el editor en jefe le había hecho sentir poderoso, una criatura capaz de aplastarlo como se le viniera en gana, y había estado ansioso por que llegaran a eso... y así, tan rápido como había llegado, el deseo se desvanecía. Estaba nuevamente en control de sí mismo, ya no tenía tantas ganas de jalarle del cabello engominado ni retorcerle el cuello y realmente no sabía si le gustaba. A su modo, era una lástima.

La recaída, si podía llamarle así, le tenía silencioso. Se movía con un cierto aire contemplativo por la oficina, recogiendo y reacomodando. Se sentía extraño volver en sí, el regreso del autocontrol implicaba una pérdida de poder para él, al menos era ese el sabor que le dejaba. A medida que bajaba del pico de adrenalina comenzaba a considerar la situación, encontrándola cada vez más provechosa. Asumía que Verloren no sabría de él; ¿por qué habría de saber? El carácter del tipo era una bomba de tiempo por sí solo, cualquier arranque podía atribuirse a su nivel de tensión y él podía lavarse las manos de toda responsabilidad. La emoción que el mayor emanaba en cada mirada y en cada milímetro de piel era sobrecogedora, no creía que hubiese notado la influencia de él mismo en el pequeño episodio, mucho más discreta en comparación. Seguramente pensaría que fue todo él...

Eso le daba la ventaja, ¿no?

- Estamos solos ahora. - Sonrió en un intento de parecer gentil que, al contrario, le regresaba su semblante de superioridad. Miraba con satisfacción a quien creía tener a su merced. - Quiero decir que puede hablarme-- bueno, en parte, más que nada quiero decir que no quiero que se escape luego o algo. ¡Si nos quedamos sin editor me quedo sin trabajo! No puede hacer eso. -

Se acercó al hombre mayor, parándose a su lado y cubriéndole momentáneamente con su sombra, alargada por la vaga y mortecina luz del amanecer. El día se asomaba a cuestas por entre el laberinto de edificios y rascacielos que se dibujaba en el ventanal, un temprano amanecer veraniego entre celeste, rosa y anaranjado que le permitía ver mejor la graciosa imágen de Verloren hundido en su silla pero con el cuerpo recto como si se le hubiese endurecido de un momento a otro. Estuvo a punto de bajar a sentarse en el suelo junto a él pero desistió; un hombre tan alto le haría sentir disminuido en esa posición, por lo que optó, en cambio, por sentarse en un borde vacío del escritorio, sus pies tocando el suelo de todos modos.

- Eso que tiene usted... es muy malo, ¿no? - Habló en voz baja, inclinándose hacia adelante hasta apoyar sus codos en sus piernas, su mirada buscando la ajena. - No se siente bien. Es como... enfermante, ¿no? Es como el estrés, pero peor. Pesado y todo... - En sus palabras no había afán alguno de recriminarle, ni ánimos de ser cruel, pero no podía evitar expresarse con brusquedad. - ¿Quién más sabe? -

________ La ecuación Humana ________
avatar
Mathias Køhler

Fecha de inscripción : 07/08/2012

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: El mito del Señor Verloren [Privado Alexander Verloren]

Mensaje por Alexander Verloren el Sáb Sep 15, 2012 11:15 pm

No se movió de la silla mientras el rubio recogía los papeles y volvía a acomodarlos sobre el escritorio, solo contaba infinitamente aquella secuencia de números alternando momentos en que se concentraba en relajar cada músculo de su cuerpo sobre la cómoda silla, única silla que era suficientemente anatómica a su espalda como para permitirle relajarse sin problemas. Mantuvo sus ojos cerrados unos instantes más hasta que el molesto sonido de la voz ajena volvió a interrumpirle volviendo a crisparle los nervios. ¿Acaso no tenía momento para callarse? Realmente lo que más odiaba de esa persona era su voz, la manera que tenía de hablar y moverse por los lugares, su porte, odiaba su mirada, la manera que sonreía, odiaba todo en esa persona y lo que más odiaba era que supiera su secreto... volvió a su mente los deseos de solo eliminar el problema pero los descartó enseguida... lo último que necesitaba era un problema más y un peso más en su espalda. A parte... él sabía que él mismo no era así, solo eran impulsos, tontos impulsos que estaban todo el maldito día empujando su paciencia y presionando su pecho.

Abrió ligeramente los ojos, observándole por debajo de las cejas tensas y fruncidas. ¿No entendía cuando se le hablaba? - Hay gente fura de la oficina, ya los maquinistas están trabajando desde tempranas horas de la madrugada para que tengas tus malditos periódicos listos para entregar... - suspiró para volver a tomar control de sí, notaba como su voz se tensaba palabra a palabra - Lo que quiero decir es que no es seguro hablar acá sobre esos temas...Las paredes son delgadas y todos son demasiado curiosos respecto a todo... - su voz, de por si era poderosa, pero susurrante parecía sumamente peligrosa. Su espalda se estiró y su nuca tocó la parte trasera de la silla mirando ahora al rubio sentado en su escritorio... indecente hasta la forma de comportarse en una oficina...

Cada palabra que decía tensaba más al pelinegro, en su cuello comenzaba a asomarse el tendón que marcaba que sus mandíbula comenzaba a presionar sus dientes, volvió a cerrar los ojos y se contuvo de contestar con reproches ya que lo que decía era verdad... solo suspiró y volvió a mirarle fijamente - Odio. - dijo evitando más. - La otra persona que sabe... sabe mucho de... "nosotros" y fue quien me descifró mi código informandome bajo que etiqueta estaba. - explicó cortamente, diciendo lo suficiente pero a la vez tan poco como para evitar que la conversación se filtrase demasiado. Así mismo su tono seguía siendo extremadamente bajo, al punto que si el rubio no se esforzaba en escucharle, su voz se perdería en el sonido de las maquinas de afuera.
avatar
Alexander Verloren

Fecha de inscripción : 03/08/2012

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: El mito del Señor Verloren [Privado Alexander Verloren]

Mensaje por Contenido patrocinado


Contenido patrocinado


Volver arriba Ir abajo

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba


 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.